En el eje Z al tiempo del vals.
En aquella
noche, los reyes, los jefes de estado, los primeros ministros, los presidentes,
los directores de directorios, los mandatarios más mandantes, todas las
autoridades dismórficas del espacio habían decidido dejar de ser ellos. El
misterio, ver como el universo se movía sin que ellos estén moviendo palanquitas,
cuerdas de marionetas, piezas de ajedrez, botoncitos ridículos en la gama del
rojo. Es decir se sentaron a observar como los mundo, las constelaciones, los
astros, los soles, las enanas blancas, los planetas, los agujeros negros, las
programadas supernovas, el acumulo de materia que daba origen a las estrellas, como
todo esto funcionaban sin su imprescindible poder. Se cruzaron de brazos a
mirar que imprescindibles que eran ellos en el orden de las cosas.
En aquella
noche. Que para algunos era noche, para otros era día y para algunos otros era más
nada que la nada misma que los construye. Quizás sea mejor decir en aquel
momento, Tomás decidió practicar las escalas en su violín marcando el compás
con su píe, comenzó a hacer vibrar cada nota en su instrumento.
La resonancia,
que es aquella propiedad que tiene la materia de vibrar en la misma longitud de
onda con la que vibra otras cosas, comenzó a imponer lentamente un movimiento homogéneo
y coral, la gravedad en ese momento no existía, tampoco las fuerzas que hacen
que las cosas sean cosas sobre el piso ni ninguno de los principios de la física
podían dominar aquel momento, pues aquellos que los imponían habían decidido
sentarse y cruzar las brazos y dejar al universo librado a su funcionar.
Tomás comenzó a
tomar conciencia, que sus notas hacían que las cosas del cuarto en el que se
encontraba comenzaran a subir y a bajar en consonancia a las notas que el
dejaba salir de su instrumento, en un
momento se vio a el mismo despegarse del piso y casi golpear el techo cuando un
“La mayor” salía del violín, no pudo disimular su sonrisa, ese efecto que
tienen los sueños vívidos en las personas, esa sensación de magia de mago con
barita y así fue disfrutando de la construcción de la escala.
Los vecinos de Tomás comenzaron a ser objetos de resonancias igual que muebles y cosas, esas cosas que nos hacen ser
terrenales, los vasos, los cepillos de dientes, las dentaduras de los abuelos, las sillas con sus mesas, los manteles con sus
plásticos, las mesadas se deprendían de sus cajones, la mercadería caía de las alacenas
y también resonaban desde el piso, el arroz, los fideos, las harinas, el jabón
en polvo, los gatos que iban por los tejados y los perros que los perseguían ladrando,
los gatos que dormían en los sillones, los pilotos con los ciclistas, los
sobretodos con los oficinistas y sus portafolios, todo subía y baja en el DO RE
MI FA …
En aquellas
escalas combinadas subían y subían de repente bajaban, bajaban y bajaban puff!! casi que podían fusionarse
con el suelo, las personas que caminaban por las veredas, terminaban fusionándose
con el impuesto cemento y luego pasaban debajo de las veredas a estar paradas
en las estaciones de subte, los líquidos se volvían burbujas deformes, que se
armaban y desarmaban al compás de un violinista, el agua de los floreros, de
los baños, las gotas por los cueritos no cambiados en los departamentos, los líquidos
en los bares y confiterías, salían de las tazas, de los vasos de licuados son
sorbetes deformados. En las pizzerías las masas se levantaban junto con los
maestros cocineros, las salsas con sus ravioles y sus sartenes, la humedad se despegaba de las paredes, las
paredes de los cimientos, los cimentos del suelo.
Los árboles se estiraban, como si se desperezaban, el sauce parecía un organismo electrificado con todas sus ramas hacia el cielo y de repente muy hacia el piso casi aplastado como formando parte del mismo pasto de los parques.
Las pinturerías parecían
muestras de juegos artificiales grátis, los trenes salían de sus rieles y oscilaban en
el aire, los auto flotaban por las avenidas, los pájaros volaban más altos, una
bandada de aves terminó fusionándose entre ella para formar una cosa flotante
redonda u ovalada llena de picos, plumas y de patitas de pájaros, los mares se
levantaban de sus profundidades, se podía ver como del agua salían por momento
delfines y ballenas para volver a entrar en ella, las maestras levitaban con
una tiza en sus manos y los alumnos flotaban sentados en sus pupitres.
Los instrumentos
de cuerdas comenzaron a vibrar en las notas que Tomás dejaba salir de su
violín, primero se contagió el piano del vecino, después las guitarras de los
alrededores, otros violines, violas, chelos, las gargantas de los cantantes
liricos vocalizaban con las notas que imponía Tomás, el muchacho subía hacia el
techo por un momento doblaba un poco el cuello para seguir tocando se dio cuenta que debía bajar de tono
lentamente sino se desplomaba en el suelo y un poco su pantalón se volvía una
sola cosa con la alfombra y no veía sus pies.
En las calles se
podían ver como flotaban las pelucas, peluquines, gorros, el pelo de la gente
se elevaba al igual que ellos un poco del suelo, algunos se agarraban de rejas
que luego también tendían a moverse al compás de las escalas, las mujeres sostenían
sus polleras, las monedas de los
mendigos flotaban de sus tarritos de pure de tomate sin etiqueta, también ellos se despegaban del
suelo y luego volvían a bajar.
El planeta de
tomas comenzó a oscilar en su órbita a acercarse y alejarse de sus dos lunas
como en movimientos pendulares, los soles emanaban llamaradas de fuego hacia
los planetas más cercanos, los polos por momentos se despegaban de los extremos.
Otros músicos al advertir que seguían una escala intentaron hacer los mismo con
sus instrumento, pero era imposible, estos seguían los acordes impuestos por
Tomas.
La geografía entera
se modificaba los lagos se elevaban, después casi desaparecían por momentos de
sus lechos al fundirse con el suelo dejando a sus peces por momentos sin agua
para poder también oscilar. Las montañas se desprendían de sus glaciares y sus
nevados, los edificios se levantaban cinco a diez metros del suelo, los
pochoclos giraban alrededor de los pochcleros, las galaxias se acercaban entre
ellas y luego se tendían a alejar.
Luz, sombra,
oscuridad, colores extraños podía Tomás ver desde su ventana, señoras en
silla de rueda que gritaban al llegar a la altura de su segundo piso, luego se
reían como cuando uno tiene vértigo en una hamaca. En ese momento casi se dio
cuenta que era el quien orquestaba el universo, decidió que las escalas eran
peligrosas y muy lentamente impuso un ritmo de vals, girar y rodar, girar y
rodar, lenta y suavemente en notas relativamente bajas y juntas, girar y rodar,
así todo se comenzó a mover más armónico, la gente sentía por momentos un vacío
en el pecho, pues su corazón ya no marcaba el ritmo de sus latidos, evitaba
aquellas partes donde el ritmo se aceleraba, los otros músicos se pudieron
sumar ya que seguían ritmos conocidos como los creados por Frédéric Chopin,
evitando el Vals del minuto con el cual quizás podía desatar el fin del
universo haciendo chocar estrellas, soles, galaxias y planetas.
Fue así como por
un tiempo, Tomás junto a otros músicos dominaron con el compás y el ritmo el
universo entero, músicos de otras galaxias, de otros sistemas solares, músicos que
nunca se iban a conocer porque los años luz no lo permitirían, se ponían en
resonancia, en sintonía con el vals.
Es muy fácil comprender
que los que se habían cruzado de brazos iban a volver a tomar el poder, el rey
se puso su capa y tomo su bastón, los primeros ministros se sentaron en sus
sillones, los emperadores volvieron a tomar su lugar, y la física volvió a
dictar sus principios.
Pero algo cambio
desde aquel día, algo raro se ve en las calles y creo que sin darnos cuenta
todos comenzamos a movernos en ritmo de vals. Todos somos un poco más músicos y este compás no es más la forma de moverse en
los momentos forzados de las fiestas, tampoco es el moverse propio de los rengos o los borrachos, es como todos los seres vivos elegimos que nuestros carbonos
vayan a resonar en tiempo de vals.
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