El
tiempo nos engaña:
agranda
los espacios,
y
así, la galería era ancha,
sobraba
aquel descanso.
Los
latidos surgían:
de
las llegadas de tantos , los primos,
el
alba y el aroma del agua;
sobre
la naranja, y el mango.
Las
novelas en baúles,
creábamos
los veranos;
nos
convencían sus cantos.
El
viento agitaba las nubes y
el
agua. Las granadas caían
para
explotar con su pulpa
naranja
en el verde pasto.
Del
mate cocido en las ollas,
la
merienda en jarros,
las
miradas, los silencios,
los
pecados: alfajores.
El
calor de los Eneros
aprendimos
a no escucharlo
a
que nos parezcan susurros,
no
gritos angustiados.
El
silencio de aquel piano,
las
tías, el mate, la frola,
el
verde de los bananos,
las
acequias se cuidan solas,
los
flamencos en las ciénagas,
sapos
en los zapatos,
los
mosquitos en la siesta
y
en la noche: ¡no al espanto!.
El
pueblo siempre tan lejos,
la
iglesia; una salida,
las
historias misteriosas,
siempre
un poco de mentiras.
Sin
saberlo, y sin entenderlo demasiado,
los
viernes por la noche, una vela en mi costado.
El
triunfo, los trabajos, las becas,
los
diccionarios, los libros con fluorescentes,
(ya
no en baúles olvidados)
las
carrera, los trabajos
los
aviones, las esperas, las tesis,
los
que no están,
los
que se quedaron y esperan.
¿Volverán
los Eneros a sonarnos susurrados?
¿Volverán?
Los espero,
Y el mate cocido en jarrones
Ari!! Que lindo leerte, una forma de tenerte más cerca! Te amo!! beso grande
ResponderBorrarGraciad lu
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